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En los últimos días, el Gobierno nacional compró una importante cantidad de vacunas contra la gripe A (H1N1), fabricadas por el conocido laboratorio Novartis.

La mayoría de esas dosis estarán, por ahora, bajo custodia de organismos de Salud y se comenzarán a aplicar gratuitamente a los grupos de riesgo: trabajadores de salud, menores de 5 años, embarazadas y otros pacientes con patologías que requieran de la inmunización, siendo la provincia de Entre Ríos una de los pocas zonas donde han desembarcado parte de las vacunas. Se trata de unas 30 mil enviadas el pasado 5 de marzo por el Gobierno.

Y es allí dónde, en medio de una incipiente desconfianza, un grupo de profesionales de la salud, entre ellos médicos, enfermeros y especialistas en el área inmunológica, se han negado a vacunarse con esas dosis.

La primera razón es que las vacunas no traen prospecto, es decir no se sabe qué contienen, ni qué efectos adversos puedan tener. La segunda es la casi segura posibilidad que la vacuna contenga adyuvantes inmunológicos, más precisamente el denominado “Escualeno”, un elemento supuestamente natural pero que causa un gran número de enfermedades autoinmunes, de acuerdo a investigaciones científicas recientes.

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