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Ríos enfermos pero con muchas medicinas


Ríos enfermos pero con muchas medicinas

Analgésicos, antiinflamatorios, antibióticos, psicofármacos... El agua de los ríos baja llena de medicinas. Los investigadores de del Instituto Catalán de Investigación del Agua (ICRA) siguen su rastro y analizan cuál es su impacto sobre las comunidades de organismos acuáticos
Técnicos del Institut Català de Recerca de l'Aigua (ICRA) publicaron este verano un artículo en la revista Journal of Hydrology en el que se hacían eco de la salud de los ríos catalanes. Los más estudiados son el Ter y el Llobregat, unos ríos, como apunta en Damià Barceló, director del ICRA, "que antiguamente habían sido las arterias de muchas fábricas textiles y químicas repartidas por toda la geografía". Con los años, las pequeñas empresas han quebrado y las grandes han hecho los deberes, de modo que la principal amenaza de los ríos catalanes ya no viene de la industria (al menos directamente), sino de las explotaciones agrícolas y ganaderas, así como del alcantarillado urbano.
Barceló explica que el artículo del Journal of Hydrology es consecuencia de un compromiso alcanzado en una conferencia internacional que tuvo lugar hace un año en Girona.
El objetivo de este estudio fue comprobar si existe una relación causa-efecto entre la presencia en las aguas de diferentes fármacos y los cambios que se están produciendo dentro de la comunidad bentónica, ya sean invertebrados o algas (bacil·lariofícies).
29 medicamentos en el Llobregat
En el río estudiado, el Llobregat, los investigadores tomaron muestras de sedimentos y de algas de diferentes sectores, industrializados, con mucha población e incluso sectores donde no hay población, pero que reciben residuos industriales. Se detectaron un total de 29 medicinas: analgésicos, antiinflamatorios, reguladores lipídicos, antibióticos, beta-bloqueadores y moduladores de los estados de ánimo (psicofármacos). También detectamos la presencia de otros productos químicos relacionados con la eutrofización.
Cabe señalar que la mayoría de los fármacos detectados han sido identificados por el Sistema Nacional de Salud español como los más consumidos entre la población. Para el director del ICRA es importante subrayar que, "cuando tomamos medicinas, tengamos en cuenta que aunque se expulsen del cuerpo no se destruyen y siguen siendo activas en los ríos o al mar, donde tarde o temprano todo va a parar".
Productos como el analgésico diclofenaco, el regulador lipídico bezafribat o el antibiótico sulfametoxazol exceden los 10 mcg/L. El ibuprofeno, el diclofenaco, el ácido clofíbrico y ofloxacina presentan también altas concentraciones en áreas específicas del río. Todo ello implica, según Barceló, un impacto de estas sustancias en la comunidad de la biomasa acuática, "incluso cuando están presentes en pequeñas concentraciones".
Del botiquín en el río
La Unión Europea tiene registrados más de 3.000 medicamentos diferentes, todos ellos presentes en nuestra red de salud. Las personas se toman una pastilla que luego se elimina y pasa a las aguas residuales y las depuradoras. Las depuradoras, sin embargo, no están preparadas para neutralizar del todo estos productos que acaban de pedo en el río. Más grave es el caso de las medicinas que toman los animales, los medicamentos rechazados por los grandes hospitales o los productos derivados de las industrias farmacéuticas...
Barceló tiene en cuenta que en Cataluña hay ahora mismo mucha diferencia entre la capacidad para filtrar productos de las depuradoras de grandes núcleos urbanos y las de otras zonas del campo. Destaca también que en estos momentos los ríos catalanes tienen mucho caudal, "pero, en circunstancias más habituales, el poco caudal propio de los ríos de la cuenca mediterránea incrementa el riesgo de contaminación de estos componentes emergentes".
Impacto de las medicinas sobre la fauna
Los diferentes estudios de campo realizados entre 2005 y 2006 demuestran como los productos farmacéuticos pueden afectar las comunidades biológicas con el paso del tiempo. "Como sospechábamos, peces como las carpas (Cyprinus carpio) se muestran más resistentes que otros, como es el caso de las truchas (Salmo trutta)". El estudio llevado a cabo revela, sobre todo, una posible relación causa-efecto entre los fármacos y la salud de varios invertebrados. Donde hay mayores concentraciones de antiinflamatorios y beta-bloqueadores se observa un aumento de la biomasa de las larvas de algunos insectos, por otra parte, las algas no han experimentado ningún tipo de cambio.
La creciente presencia de antibióticos en las aguas de Osona y de la Selva está particularmente relacionada con la actividad ganadera, según explica Barceló. En el área de Vic, buena parte de las 19 sulfonamidas de uso ganadero analizadas mostraban niveles que sobrepasaban los 250 miligramos por litro, cuando el máximo [...]

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Tag(s) : #CIENCIA y TECNOLOGIA