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la lámpara incandescente transforma tan sólo el 10% de la energía consumida en luz y al resto, lo libera al exterior en forma de calor (Efecto Joule). Por su parte, las lámparas de bajo consumo utilizan un 80% menos de energía que las anteriores y esta es una enorme razón para que las personas de todo el mundo pusieran su mirada y atención en ellas. Al ser más eficientes las luminarias, se puede ahorrar mucho dinero, se puede disminuir la dependencia del petróleo (combustibles fósiles) y de esta manera, reducir significativamente los gases de efecto invernadero. Es decir, si se puede reducir el consumo energético, necesario para lograr la misma iluminación, la cantidad de energía que debe generarse será menor. Sin embargo, ante este panorama tan alentador sobre los beneficios que traería al medio ambiente esta tecnología, la reacción de los consumidores no fue  tan positiva como los científicos esperaban. Por ejemplo; las lámparas fluorescentes compactas de baja calidad ofrecen desempeños muy pobres, presentando parpadeos (en muchos casos, no todos) muy molestos a la visión, no alcanzan la duración estipulada por el estándar de este tipo de lámparas (8mil horas) y sus balastos electrónicos suelen generar interferencias en muchas bandas del espectro radioeléctrico, incluida la de 2,4Ghz (Bluetooth, Wi-Fi).

Los balastos electrónicos son una fuente de interferencias (EMI / RFI) muy grande Los balastos electrónicos son una fuente de interferencias (EMI / RFI) muy grande

Por otra parte, muchos biólogos evolutivos creen que las preferencias humanas de iluminación son el resultado de nuestra visión básicamente “tri-cromática”, la cual nos convierte en una especie adecuada para la luz solar del día y la percepción de los colores primarios. De este modo, durante 400 mil años, la humanidad ha desterrado la oscuridad con el fuego. La lámpara de Edison (al momento de su salida al mercado) fue un éxito rotundo ya que lograba, en esencia, el resplandor de una llama puesto en un filamento. El abandono de las bombillas incandescentes significará entonces abandonar el fuego como fuente primaria de luz, por primera vez en la historia humana. Vale aclarar que en el filamento de la lámpara incandescente no hay fuego y que la expresión anterior es más metafórica que técnica.  Allí no hay combustión gracias al gas inerte que posee el bulbillo en su interior. Sólo hay luz generada por la incandescencia.

A pesar de que la iluminación fluorescente ha estado con nosotros desde la década de 1930, Ed Hammer, físico de la General Electric, fue el primero en 1975 en lograr una lámpara fluorescente de finos tubos curvos y en forma de espiral que, además de producir más luz que una lámpara incandescente convencional, consumía apenas un 20% de electricidad si se la comparaba con su equivalente de filamento de tungsteno. Sin embargo, las lámparas fluorescentes compactas, en sus orígenes, no podían ser atenuadas (dimmer), eran muy frágiles y producían una inmaculada luz blanca. General Electric no quiso arriesgar capital en traer esta nueva tecnología al mercado y dejó de lado el diseño de Hammer

 

las lámparas fluorescentes compactas contienen mercurio y que, según las instrucciones de cualquier Agencia de Protección Ambiental, indican un protocolo de varias páginas donde mencionan los métodos adecuados para abordar de limpieza de una bombilla rota. Este procedimiento comienza con la advertencia de airear el ambiente (ventanas abiertas) durante varias horas  y evacuar a todas las personas y las mascotas del lugar hasta que el gas de mercurio se haya ventilado por completo. El fósforo no deja de ser otro problema; si entra en contacto directo con la piel, puede provocar quemaduras. Las viejas lámparas incandescentes sólo provocaban algunos vidrios rotos mientras que  las lámparas LED ni se enteran que se han caído. Observa:

El problema actual está centrado en el precio de una lámpara con tecnología LED. Una luminaria incandescente cuesta menos de un Euro, una lámpara fluorescente compacta no llega a 10 Euros, pero el precio de una equivalente en base a LED, supera (o está muy cerca de) los 50 Euros. Es decir, por ahora se ha demostrado que este tipo de lámparas se pueden fabricar, el desafío será abaratar los costos para alcanzar un precio competitivo respecto a las luminarias convencionales. La industria apuesta por la iluminación LED, en el camino a seguir, por un par de razones muy certeras y válidas: los LEDs son semiconductores y, como toda la tecnología de estado sólido, son cada vez mejores (más confiables) y más baratos siguiendo una curva evolutiva predecible

 Resumen de articulo lamparas de bajo consumo fracaso

de neoteo.com

Tag(s) : #CIENCIA y TECNOLOGIA