Viví más y mejor controlando la ira

Two mature woman shouting at eachother
Sugerencias prácticas

*Si desean controlar la ira, deben buscar ayuda en el Poder Supremo, a quien llamamos Dios. Hubo una época en la cual me agarraban continuamente ataques de ira. Mi temperamento explotaba por cualquier pequeñez. Hacía todo lo que podía para no perder la calma, pero ésta me duraba sólo dos o tres días. De repente la ira volvía a atacar y yo explotaba de furia ante hechos que no tenían significancia alguna.
Luego me arrepentía y me ponía a llorar. Esto continuó hasta que expuse mi problema ante mi maestro. Él me dijo: “¿Por qué no dejas de lado tu orgullosa convicción de que, sin ayuda de nadie, puedes anular tu karma? Ve ante Dios, busca su ayuda. Verás que lo imposible puede ser posible.”
¡Lo puse en práctica y funcionó! Intenten hacer esta prueba y verán que funcionará. Repitan continuamente esta plegaria con el corazón.

*Eviten la ocasión. En el momento en que se encuentren en una situación que pueda causarles ira, tomen otro camino y aléjense.
A Julio César, dictador de Roma, le llevaron papeles en los cuales uno de sus enemigos lo había menospreciado.
Dijo: “Si leo esos papeles me enfureceré innecesariamente.
A ese hombre no le haré daño, sino que seguramente me haré daño a mí mismo de ese modo.”
Ordenó quemar los papeles. ¡Eso es evitar ocasiones!

*Evitar la prisa. Es la madre de la ira; y el odio es el padre. Nunca hagan nada apresuradamente, eviten el trabajo excesivo, encaren sus trabajos tranquilamente, con amor y benevolencia. El trabajo en exceso, algunas veces conduce a la ira.

*En cuanto sientan que la ira se aproxima, mantengan la boca cerrada y los labios sellados.
Una mujer había llegado ante un viejo sabio quejándose:
-En cuanto se produce una discusión, mi esposo me golpea.
Luego el viejo pidió una botella de agua y le dijo:
-La bendeciré y te la daré.
-¿En qué momento debo darle de beber esta agua a mi esposo?-preguntó la mujer.
-El agua no es para su esposo-exclamó el sabio. En cuanto vea que se ha iniciado una discusión, tome un sorbo de agua de esta botella y manténgala en su boca.
Haciendo esto, no dará lugar a que de su boca salgan palabras de discusión y, por ende, a su marido no le vendrán ganas de golpearla.
La mayoría de nuestros problemas se resolverían si sólo mantuviésemos nuestras bocas cerradas. Tratamos de explicar las cosas y, durante el proceso, las complicamos.
Mantengan la boca cerrada. De ese modo, intenten observa el silencio al menos dos horas por día. Una vez que adquieran el gusto por el silencio, no desearán hablar, a menos que haya una gran necesidad de hacerlo.
Mantengan la boca cerrada; y, cuando la abran, hablen suavemente, con amor y benevolencia.

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