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Brasil en Problemas “Super Real”asusta al actual Gobierno Rousseff

¿Puede el nuevo Gobierno del país vecino aguar el veranito que vive la Argentina en materia cambiaria? La respuesta es sí. A punto tal que ejecutivos de empresas locales comenzaron a observar con suma preocupación los últimos movimientos realizados por ese país. Sus “confesiones” a iProfesional.com

Brasil amenaza con ponerle fin a la fiesta argentina del "súper real" y hay temor entre empresarios locales

Por Juan Diego Wasilevsky

Si de algo conocen los empresarios argentinos es de historia. Y si algo aprendieron en los últimos años, es que cuando un político brasileño dice “no”, tal vez quiera decir “si”.

No es para menos: a fines de 1998, el entonces presidente de Brasil, Fernando Enrique Cardoso, se había encargado de dejar en claro que su gobierno no iba a permitir, bajo ningún punto de vista, una devaluación. Y hasta el titular del Banco Central de ese país se rasgaba las vestiduras diciendo que “no defender la moneda llevaría a la catástrofe”.

Apenas unas semanas después, Brasil abandonó el Plan Real, le soltó la mano a su moneda y, en cuestión de días, acumuló una megadevaluación del 40%, que luego se fue profundizando aún más.

¿El resultado? En apenas 12 meses, se perdieron 10.000 puestos de trabajo en la Argentina, debido a la gran cantidad de empresas que se vieron obligadas a cerrar sus persianas, según datos de la UIA.

Claro que el Brasil modelo 2011 de Dilma Rousseff -tras ocho años de una exitosa administración de Luiz Inácio Lula da Silva, y luego de una histórica crisis internacional- es completamente distinto al de Cardoso: mientras que hoy llueven capitales, en el Brasil “modelo noventa” pasaba todo lo contrario: había un problema muy serio de fuga de divisas, lo que terminó acelerando la devaluación.

Más allá de estas diferencias, el real fortalecido, que tiene en vilo al sector industrial del país vecino por las crecientes dificultades para competir en su propio mercado y en el mundo, pasó a ocupar un lugar relevante en la agenda de Rousseff, quien ordenó a su gabinete que pusiera manos a la obra para contener la creciente apreciación.

Es decir, mientras que en el pasado negaban una devaluación pero luego terminaron cediendo, ahora, directamente ningún funcionario brasileño oculta su malestar por tener una moneda tan fortalecida.

En este contexto, la Presidenta le declaró la guerra al “súper real” y envió un contundente mensaje al mercado nacional e internacional al dejar bien en claro que su gobierno intervendrá con fuerza en caso de que el tipo de cambio vuelva inviable a la actividad productiva.

En este sentido, la última jugada en este complejo tablero de ajedrez corrió por parte del Banco Central de Brasil, que impuso a los bancos de ese país la obligación de depositar en efectivo, a partir de abril, el 60% de sus posiciones cortas en dólares, con el objetivo de reducir la oferta de billete verde en la plaza y quitarle presión alcista a la moneda nacional.

Luciano Rostagno, estratega jefe de CM Capital Markets en Sao Paulo, destacó que “el Gobierno ha estado indicando que no está contento con el real cerca de 1,65 por dólar” y aseguró que esta medida debería tener un efecto evidente sobre el tipo de cambio.

Sin embargo, las estrategias no se limitarán al tema encajes. Días atrás, en el marco de una conferencia de prensa, el ministro de Hacienda, Guido Mantega, aseguró que “la apreciación del real no va a continuar y son infinitas las medidas que podemos tomar“.

No vamos a permitir que el dólar se derrita frente al real. Lo más valorizado en Brasil porque el Gobierno no escatimará esfuerzos para evitar una caída”, acotó.

Luego de estas contundentes expresiones, el ministro fue muy claro al asegurar: “Un dólar débil nos causa dolor y genera una señal de advertencia para la economía brasileña. Si alcanza un cierto umbral, entonces vamos a actuar“.

Y lo cierto es que el mercado comenzó a convalidar la idea de un real más débil: aún cuando se trató de movimientos tenues, la moneda brasileña acumula cuatro ruedas de bajas consecutivas y, en lo que va del año, ya se depreció un 1,4%.

 

 

Los empresarios, en alerta
En este contexto, el temor comenzó a apoderarse de los empresarios argentinos, concientes de que la decisión de la administración de Rousseff tendría un impacto serio en sus ventas a Brasil y, además, implicaría un incremento en el nivel de ingreso de productos brasileños al propio mercado doméstico, poniendo en riesgo al “made in Argentina”.

Es un hecho: los industriales están siguiendo muy de cerca lo que sucede con el real, dado que el destino de esa moneda es la que define también su propio futuro. Y tiene mucho más peso que el dólar.

Desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), José Luis Lopetegui, alertó que “el tema lo estamos siguiendo muy de cerca. Es natural que los empresarios tengan miedo, porque aún con un real apreciado, los brasileños nos están vendiendo a nosotros mucho más de lo que nos compran”.

“Tras la devaluación de fines de los 90 que tuvo lugar en Brasil, avanzó la importación salvaje a costa de la industria nacional. Ahora, que nosotros tenemos un tipo de cambio retrasado, sin dudas que vamos a tener problemas si vuelven a avanzar en esa dirección”, alertó.

En este contexto, Ramiro Prodan, presidente de la Cámara Argentina de Industrias Eléctricas (Cadieel), manifestó su extrema preocupación por lo que sucede en el país vecino.

“Con el tipo de cambio fijo que tenemos en la Argentina estamos quedando muy poco competitivos. Incluso, en algunos rubros industriales, los salarios en dólares en Brasil son un 10% más bajos que en nuestro país”, explicó el directivo, quien recalcó que “un real más barato en 2011 nos impediría competir”.

“Yo tengo una planta en Brasil desde hace cuatro años. Allí ensamblo productos para la industria eléctrica. Y si la moneda brasileña se llegara a depreciar, entonces lo que haré es instalarme allí y exportar desde ese país, sin lugar a dudas. Es una posibilidad que ya vengo evaluando”, alertó Prodan.

Por su parte, Raúl Zylbersztein, directivo de la Cámara General Empresarial de la República Argentina (CGERA), aseguró que “la posibilidad de una devaluación en Brasil la venimos contemplando desde antes de las elecciones. Sabíamos que iban a comenzar a hacer todo lo posible para que se afloje el tipo de cambio”.

“Es difícil estimar en qué medida podrán depreciar su moneda, pero lo que vemos es el gobierno apuntará a quedar por debajo de los 2 reales por dólar, van a ser unos puntos, no esperamos una explosión“, recalcó.

Sin embargo, Lopetegui recordó que “los brasileños tienen una economía cinco veces más grande que la nuestra, por lo tanto, con que devalúen aunque sea un poquito, igual nos van a perjudicar seriamente“.

En tanto, fuentes de ADIMRA, que pidieron absoluto off the record, aseguraron que “somos competitivos en tanto y en cuanto el real mantenga el valor actual. En otras palabras, nuestro principal riesgo no es la divisa estadounidense, es lo que suceda en Brasil”.

“Ya veníamos anticipando que algunas para devaluar su moneda iban a tomar, porque el sector exportador del país vecino estaba muy afectado. No esperamos una megadevaluación, porque sabemos que el gobierno de Rousseff quiere mantener la inflación a raya, pero aunque sea unos centavos, ya nos complica, es echar más nafta al incendio que tenemos”, alertó.

El directivo de esta asociación, una de las principales entidades industriales del país, agregó que “sin dudas cualquier movimiento descendente del real nos va a perjudicar, principalmente porque aquí nos enfrentamos a las nuevas paritarias y no hay ninguna señal de enfriamiento, todo lo contrario, los gremios van a presionar más que el año pasado”.

Los intentos de Brasil por volverse más competitivos no pueden llegar en peor momento: se estima que actualmente en la Argentina hay trece ramas industriales que exhiben un costo salarial por encima del nivel general de la industria y once de ellas, medido en dólares, superarían los niveles del 2001. Entre estos figuran alimentos y bebidas, textiles y algunas industrias metalúrgicas.

La pregunta del millón
Frente a estas expresiones de temor, Jorge Vasconcelos, economista jefe del IERAL, aseguró a iProfesional.com que es “totalmente comprensible el miedo que tienen los industriales nacionales”.

“Esto se debe a que el peso argentino es, más que nunca, un rehén del real. Más del 40% de nuestras exportaciones, que en gran medida tienen valor agregado, se dirigen hacia nuestro principal socio comercial”, explicó el experto.

Por eso, “los movimientos que experimenta la moneda brasileña, siempre tienden a ser ´copiados´ inevitablemente por la nuestra. Esto fue lo que sucedió en los últimos 15 años: cuando Brasil devaluó en 1999, comenzó a generarle una presión terrible al peso y esto terminó derivando en la salida de la convertibilidad. Ahora, que ellos se apreciaron de manera considerable, ésto le dio oxígeno al Ejecutivo para mantener fijo el tipo de cambio a pesar de que la inflación le está quitando competitividad a la industria local”, explicó.

En este contexto, un Brasil más competitivo complicaría las perspectivas de buena parte del “made in Argentina”, en momentos en que el billete verde quieto y las fuertes presiones inflacionarias minan la rentabilidad y disparan los costos en el terreno local.

Un dato a destacar es que actualmente, a pesar del “súper real”, en 2010 se registró un crecimiento exponencial del déficit comercial con Brasil, al totalizar u$s4.000 millones, una cifra nueve veces superior a la del 2009.

 

 

En este contexto, las importaciones de artículos con sello brasileño no paran de crecer: en 2010 acumularon un preocupante alza del 50% alcanzando una nueva marca histórica.

El temor de los empresarios es que este fuerte ingreso de artículos del país vecino tuvo lugar a pesar de que el real está en un nivel muy poco competitivo.

De este modo, si Brasil logró todo esto con una moneda fortalecida, la pregunta del “millón” que se están haciendo los empresarios locales es qué sucederá con el “made in Argentina” si encima se devaluara el real, en un contexto adverso para la industria nacional, que se encarece al ritmo de las paritarias, y con perspectivas de devaluación del peso muy leves, de apenas 5% en 2011.

Reina la cautela
Según Julián Siri, analista de mercado de Maxinver, las dificultades que enfrenta el Gobierno brasileño para tener una moneda más competitiva están en el riesgo inflacionario que implicaría devaluar y, lo que es más importante, en que continúan entrando capitales al país vecino, lo que incrementa la oferta de dólares y evita que el billete verde pierda valor.

En este sentido, Vasconcelos recordó que el país vecino tiene una de las tasas de interés más altas del mundo y esto es un imán que sigue atrayendo plata fresca.

Sin embargo, conciente de esto, el propio Mantega adelantó que están preparando un plan en esa dirección: “Las tasas de interés atraen inversiones externas y, por lo tanto, interfieren en el tipo de cambio. Entonces, al reducir el nivel de gasto, avanzaremos en una política anti inflacionaria para que el Banco Central pueda, en el momento adecuado, bajar los tipos de interés, de modo de atraer menos capital externo“.

Si bien para los expertos, como Siri, estas medidas “no tendrían efecto inmediato”, el temor entre los empresarios locales ya está instalado.

Desde una de las cámaras empresarias fueron claros al respecto: “No vaya a ser cosa que se repita la historia de fines de los noventa: que durante meses decían que no pasaba nada y después amanecimos con una devaluación en Brasil y a muchos industriales no les quedó otra que bajar la persiana

fuente

professional.com

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