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El Titanic, devorado por bacterias

Pintura: Willy Stöwer
En las aguas profundas del Atlántico Norte descansan los restos del mítico barco Titanic. Este barco diseñado para el divertimento, que rebosaba lujo y sofisticación, tuvo un trágico final en su viaje inaugural. El 14 de abril de 1912 el inmenso navío chocó contra un iceberg y pocas horas después naufragó. Murieron 1.522 personas. Aún hoy perdura la conmoción por el terrible suceso.

No fue hasta 73 años después de la tragedia, el 1 de septiembre de 1985, cuando se hallaron los restos del barco. Los operarios de la empresa RMS Titanic Inc., dirigidos por el oceanógrafo Robert Ballard, de la Institución Oceanográfica Woods Hole (WHOI), sumergieron un submarino de investigación lleno de cámaras sensibles a la oscuridad. A los 4 kilómetros de profundidad encontraron una visión sobrecogedora: el imponente Titanic partido en dos y con un aspecto fantasmagórico.

El casco estaba corroído y en el interior de los camarotes y desperdigados por las cercanías del barco hallaron los enseres de los tripulantes. Sombreros, pantalones, lámparas, ceniceros, restos de lujosas vajillas, maletas… Se han recuperado más de 5.500 objetos.

Desde aquella primera expedición se han realizado 7 visitas a los restos del barco. La última partió este verano. Durante 20 días un equipo de expertos estudió el grado de corrosión, tomó muestras e hizo cerca de 80.000 imágenes que están combinando con datos recogidos con sónar, dispositivos acústicos y ópticos para hacer una reconstrucción virtual del barco.

La parte científica de la expedición se ha llevado una grata sorpresa con las muestras recogidas. Han descubierto nada menos que una nueva bacteria, de una familia que vive en condiciones de alta salinidad. La han identificado los españoles Antonio Ventosa, máximo experto en este tipo de bacterias, y Cristina Sánchez-Porro, de la Universidad de Sevilla, y Henrietta Mann, de la Universidad de Delahousie (Canadá). La han bautizado como Halomonas titanicae.

La bacteria es extremófila, vive a alta presión y en ausencia de luz. Fue localizada en unas estructuras llamadas rusticle. Son una especie de estalactitas color naranja oscuro que aparecen en el casco de los barcos. Son porosas y en ellas habitan hasta 27 tipos de bacterias, entre ellas la recién descubierta.

El nuevo microorganismo podría apodarse como ‘bacteria comebarcos’, porque se alimenta del casco. “Es una nueva amenaza potencial para al exterior de navíos y estructuras sumergidas de metal, como las explotaciones petrolíferas”, ha comentado Mann.

Pero como todo tiene su lado positivo, la bacteria también podría usarse para reciclar estructuras de hierro. “Podría ser útil para el desmantelamiento de viejos navíos y plataformas petrolíferas que han sido limpiados de toxinas y hundidos en el océano”, reconoce la especialista.

Vista microscópica de un rusticle (Foto: Universidad de Delahousie)

Vista microscópica de un rusticle (Foto: Universidad de Delahousie)

 

 

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