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Muchos de los que leen nuestra página son tan jóvenes que puede que no reconozcan el apellido con que ha sido bautizada esta bicicleta. Sin embargo, Clive Sinclair representa a una época inolvidable en los primeros pasos de la informática universal. Los más viejos del lugar podemos hablar de primera mano de cómo fueron aquellos tiempos y de cómo el señor Sinclair (el Steve Jobs de los años 80) revolucionó la era digital con su mítico primer ordenador de la era moderna de la informática personal, el ZX80. Luego lo mejoró, sacando al mercado otro mito llamado ZX81 y, finalmente, llegó a la cumbre en su tercer intento, con el aclamado ZX Spectrum, que se convirtió en el rey de los juegos. Paradójicamente, la empresa quebró por culpa de un proyecto fallido de coche eléctrico llamado Sinclair C5 y desde entonces no han levantado cabeza.

¿Qué fue antes, el huevo o la bicicleta?
¿Qué fue antes, el huevo o la bicicleta?

Pareciera que quieren resarcirse e iniciar una nueva andadura por los inescrutables caminos del vehículo eléctrico. El nuevo aparato, bautizado como Sinclair X-1, mezcla conceptos y trata de convertir una bicicleta eléctrica en una especie de coche menor con dos ruedas. Pretende que posea las ventajas de unos y de otros. Prima excesivamente la economía de costes pues su pequeño motor a baterías apenas alcanza los 190 W. Tampoco se han esmerado demasiado en los acabados ni en el equipamiento, aunque no podemos olvidar que se trata de una simple bicicleta, por muy futurista que sea. Esto permite ajustar los costes de fabricación y lanzar al mercado una bici tan curiosa a un precio contenido (700 €).

El que inventó ese mítico ordenador es el mismo que fabrica la X-1
El que inventó ese mítico ordenador es el mismo que fabrica la X-1

Pesa unos 30 kilos, su chasis monocasco soporta la estructura tubular que contiene el asiento y que da forma de huevo a la carcasa protectora. Posee una pedalera horizontal con la que puedes ejercer la fuerza necesaria para desplazarte, siendo asistido por la batería cuando las cuestas te ponen en un aprieto. El sillón aumenta la comodidad con respecto a los habituales de las bicicletas convencionales y la carcasa de plástico añade una protección frente a las inclemencias del tiempo que no poseen este tipo de vehículos. Sin embargo, por los huecos laterales puede entrar la lluvia y el agua que te salpican los demás usuarios. En ese aspecto se han quedado a medio camino. Tampoco lleva limpiaparabrisas, por tanto, la visión en medio de una tormenta no parece que vaya a ser su fuerte. Nos consolamos pensando que, si te caes, rodarás como un huevo y no te harás daño.

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